Luego de la eliminación en la Sudamericana con esa fatídica tanda de penales, en River se vivieron horas convulsionadas. Lo primero fue la salida de Coudet, de quien se sabía que su límite sería no clasificar a la siguiente ronda de la competición internacional. A eso se sumó que la dirigencia le ofreció el cargo de entrenador a Ponzio, de forma interina según dijeron. Mientras tanto había que afrontar un nuevo compromiso, contra Banfield y en el sur.
Con hinchas visitantes, el nuevo viejo River ganó, pero no perdió la costumbre de sufrir. Con un Correa en su esplendor, el equipo por momentos mostró buenas sociedades, tan sólo por hecho de poner a los jugadores en sus posiciones más habituales. Almada suelto y con mucho movimiento, fue una de las variantes, que con Coudet sólo jugaba recostado por la banda. Eso hizo que su movilidad pueda asociarse de mejor manera con Driussi y Correa, y ahí se vio lo mejor de River.
El equipo mereció ganar, sobre todo por las ocasiones generadas. La primera la tuvo Driussi, tras pase de Almada pero en el mano a mano, ganó el arquero. Y luego llegó la apertura del marcador: esta vez la combinación fue con Correa, que lo habilitó con una pelota por elevación y el 9 derrotó a Rodríguez con una volea. Después llegó el penal que le cometieron a Almada, quien se encargó de patearlo, pero el arquero contuvo el disparo. El árbitro, a instancias del VAR, decidió que se repita la acción por invasión de área. En la segunda oportunidad, Almada convirtió: 2 a 0.
River tenía todo para tener un partido tranquilo, pero eso hace mucho no sucede. Por eso el Taladro apretó y después de un par de ocasiones llegó al descuento a través de un cabezazo de Sepúlveda. Pero volvió a aparecer la jerarquía de sus individualidades, y Correa se fabricó su propio gol para poner el 3 a 1. Y como no podía ser de otra manera y ante una defensa muy dubitativa, Sepúlveda lo aprovechó y clavó un nuevo descuento.
Sobre el final lo tuvo Galván pero su remate con el arquero vencido pegó en el travesaño. Ganó River, sufrió de más pero logró una victoria que esperemos sea el puntapié de una nueva era, la era de Ponzio.