Estas son las cosas que viene brindando River: cachetazos, golpes, papelones, eliminaciones, frustraciones. Y el domingo no fue la excepción. Porque estuvo a 10 minutos de coronarse campeón ante el humilde Belgrano de Córdoba y dejó pasar una chance excepcional para sumar una nueva estrella a su palmares. Y todo, por los errores de siempre.
River ganaba, se lo empataron, volvió a ponerse en ventaja y en 3 minutos todo se esfumó. Otra vez una defensa frágil que siente los golpes y cuando es al mentón, no sabe como reaccionar. Quizá el punto de quiebre fue la salida de Acuña, con molestias y pensando en el Mundial, sin su sucesor natural por lesión como es Viña, Coudet se inclinó por la experiencia de Pezzella, que desde su vuelta a River, su nivel no es que se mantuvo, sino que cada día que pasa, rinde peor.
Eso sumado a que el resto de los cambios llegaron tarde sabiendo de un Moreno con el físico justo y con los chicos Meza y Freitas reventados, seguramente una de las claves de la derrota estuvo en la poca reacción del entrenador para notar los problemas de River. Y en un ráfaga todo se fue. Porque del 2 a 1 de Galván promediando el complemento, llegó y a falta de 5 minutos, la mano tonta de Rivero para que Fernádez ponga el 2 a 2. Tres minutos más tarde, Meza pierde sobre el lateral, centro de Vázquez para que Pezzella y Martínez Quarta la vean pasar y otra vez Rivero saliendo en la foto. Nunca estuvo cerca de Uvita y tampoco tapó el remate, que mordido, se metió a un costado.
Nada para decir del árbitro ni de teorías conspirativas, River perdió porque este River no está hecho para las grandes batallas, este equipo es flojo por donde se lo mire y para colmo tiene una de las peores defensas de los últimos años. En su cumpleaños 125, el equipo merece una revisión y una fuerte autocrítica, sin buscar en el afuera, solo sabiendo que así, River seguirá tirando por la borda todo su prestigio.