Después de 15 años, River volvió a perder 4 partidos seguidos. Y el domingo lo remató cayendo de local, en un Monumental explotado, ante el humilde Deportivo Riestra por 2 a 1. Este River no encuentra el rumbo, pierde contra cualquiera y preocupa a todos. Para colmo, en el día internacional del hincha de River. Inentendible por donde se lo mire.
La gente se hizo escuchar antes de que empiece el juego, pero parece que el jugador no reaccionó, porque a los 12, el visitante ya estaba 1 a 0. Cuarto partido seguido en el que a River le hacen un gol de cabeza a través de pelota parada o segunda jugada. River no sabe marcar. De todas formas el equipo de Gallardo quería reaccionar, a través de un incansable Salas, un combativo Portillo y un Galoppo goleador, como viene acostumbrándose. Por eso, a los 25 lo empató con un remate de pique al suelo que Arce no llegó a despejar.
El primer tiempo se iba con un River dominador, pero sin puntería y por eso el empate no se movía. Pero para el complemento, la cosa cambiaba. A los 6 minutos y en una de las únicas llegadas de Riestra, Bustos deja picar una pelota fácil en el área, y Ramirez aprovechó para meter un zurdazo y batir a Armani: 2 a 1 para sorpresa de casi 90.000 personas.
El empate llegó a través de Borja, que se le destrababa el arco, pero el VAR lo anuló por un fino offside del mismo colombiano en el inicio de la jugada. Y de ahí en más River fue un cambalache. Terminó con 4 delanteros, con Martinez Quarta de media punta y con un desorden propio de un equipo impotente y que no sabe lo que hacer. Sólo uno estuvo a la altura y ese fue Portillo, porque ni Salas se pudo destacar y para colmo vio la roja por insultar al juez de línea.
Esto es el presente de River, un desierto futbolístico, anímico y de conducta, porque el equipo está terminando los partidos peleándose con todos y contra todos. ¿Habrá tiempo para corregir esto y terminar con el año decorosamente?


